Me siento realmente afiebrada. No sé si ustedes habrán advertido el olor de la fiebre sobre la piel, sobre la cabeza, sobre las narices.
Sí, estoy segura de que la fiebre tiene un olor y yo lo siento seguidamente, lo siento sobre mi misma e incluso sobre otras personas.
El olor de la fiebre es especial, por que no solo es un olor, es toda una sensación. Obviamente siempre está acompañada de cierto calor, pero no necesariamente.
El olor de la fiebre puede empezar, por ejemplo, desde tu boca (no necesariamente es un mal aliento) si no todo lo contrario, y no necesariamente tienes que estar enfermo para sentir el olor de la fiebre rosando tus mejillas.
Yo, por ejemplo, siento este olor siempre en una determinada situación, creo que hoy logré definirla después de múltiples apariciones en mi, apariciones eventuales… PERO APARICIONES. Y hoy me doy cuenta que ya es algo seguido en mi, o sea, no es una sensación viajera, si no algo mio, pero no propio de mi. Es decir, no propio de mi por que estoy segura que el olor de la fiebre que yo siento es despedido por otras personas y así viaja, talvez, por toda la ciudad.
El olor de la fiebre es caliente, es cargado, es dulce, sobretodo esto último… DULCE, y no les estoy tomando el pelo, en realidad existe el olor de la fiebre.
Lo curioso es que siempre lo siento estoy en situaciones similares entre ellas: nerviosismo, ansiedad, melancolía, abrumación. Y siempre que lo siento es como una advertencia de que algo hermoso me espera pero para llegar a ellos debo pasar por miles de obstáculos.
El olor a fiebre es el mensajero del demonio pero también un angel de dios, vaya a saber yo lo que significa el olor a fiebre, lo único que sé es que estoy a punto de vivir algo inigualable pero a la vez maldito.